nos olvidamos por ahí,
nos separamos lentamente
de nuestros pequeños restos
y sus mudas anteriores.
Y quedamos así, desparramados
como esos saldos que nadie compra
pero todos manosean.
No sin consecuencias, digo,
porque esas pelambres desprendidas
casi arrancadas en un descuido
se llevan la humedad
y la silenciosa gota de vida que corre.
Entonces quedamos secos
resistiendo la presión ambiente
y sosteniendo un cuerpo devastado.
Pero la pulsión de muerte
no es más fuerte que el dolor
o la pregunta que surge;
porque vemos - nos miramos- como somos sin colgajos –mascaradas- deformantes. En el pozo y su oscuridad la presión se estabiliza y el sonido, es celoso del aire que guarda. Se que allí me esperan mis silencios
/me aguardan
Donde la tierra mojada, se revela posible
Y mis dedos se hunden despacio en lo profundo
buscando -acaso- el susurro de una respuesta.
MaraiaBlacke.


